Siempre había visto la política con escepticismo, precisamente debido a lo que viví durante la campaña al Concejo de Sincelejo de mi hermano. No me sentía identificado con ese mundo y creía que era un campo dominado por intereses personales y promesas vacías.

En ese momento, pensé que podríamos cambiar la forma en que se hacían las cosas en política, que la gente se identificaría con nuestros ideales y propuestas. Pero la realidad me mostró que la politiquería estaba profundamente arraigada en nuestra ciudad y que muchas personas no estaban interesadas en las propuestas, sino en lo que podían obtener de manera inmediata.

A pesar de todo, una voz interior me decía que aquella experiencia sería el impulso que necesitaba para, en algún momento del futuro, atreverme a intentarlo de nuevo. Comprendí que la política podría ser el único escenario en el que tendría la oportunidad de generar un impacto positivo y transformador en la sociedad, y así, encender la llama de la esperanza y el cambio.

Esta experiencia me hizo comprender la magnitud del desafío al que nos enfrentamos quienes creemos en hacer política de manera honesta y transparente. La politiquería se ha convertido en un lastre que impide el avance de nuestra sociedad y la consolidación de una verdadera democracia.

Con mi formación académica en ingeniería, junto con una maestría y un doctorado, así como mis 22 años de experiencia en el trabajo social, me han permitido entender que la educación es el camino para el cambio de la sociedad. La educación es la herramienta más poderosa para transformar la vida de las personas y construir un futuro mejor para todos.

Como empresario de Sincelejo, veo con tristeza las falencias del sector empresarial por la poca articulación con el sector público, y la falta de oportunidades para los jóvenes que, con esfuerzo, estudian y se preparan para enfrentar el mundo laboral. No puedo evitar sentirme inspirado y motivado para luchar por una ciudad en el que cada joven talentoso tenga la posibilidad de desarrollarse plenamente y contribuir al crecimiento y bienestar de nuestra sociedad.

Fue en ese momento cuando, con el corazón lleno de esperanza y convicción, decidí retomar la política, comprendiendo su verdadero propósito como el noble arte de servir. Quiero seguir siendo fiel a mis principios, guiado no por la ambición de poder, dinero o egolatría, sino por el genuino deseo de mejorar el bienestar de nuestra sociedad. Ansío cerrar mis ojos cada noche, sabiendo que no he llenado a la gente de mentiras, falsas promesas o dejado historias inconclusas, y que no me he aprovechado de la vulnerabilidad y necesidades de los demás.

Creo firmemente que, entre todos, podemos forjar un futuro en el que la política se convierta en un instrumento para el bienestar de todos, un espacio en el que cada voz cuente y donde la honestidad y el compromiso sean la base de nuestras acciones.

Sincelejo necesita líderes que estén dispuestos a luchar por un futuro mejor, y estoy decidido a ser uno de ellos. Entiendo que el camino no será fácil y que los retos serán enormes, pero estoy dispuesto a enfrentarlos de la mano de las personas que, como yo, buscan una transformación real en nuestra sociedad. Como líder, empresario, académico y visionario, me comprometo a luchar incansablemente por una ciudad en el que el sector empresarial sea fuerte y próspero, en el que los jóvenes tengan oportunidades para crecer y desarrollarse y en el que la educación sea la base de nuestro progreso.
Mi primera vez en la política me ha enseñado que, aunque la realidad pueda ser desalentadora, no debemos perder la esperanza, porque vale la pena soñar.

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